.por Beaucheff.
Durante esta noche pretendía escribir... lo que jamás se me ocurrió es que las primeras palabras que consumen el presente tiempo a medida que las voy encontrando, serían para contar un surrealista regreso a casa. todo comenzó en el momento siguiente que existió luego de una despedida; resulta que por seguir la indicación de un amigo colectivero, me dirigí al bandejón central de nuestra saturada calle alameda en busca del transporte elegido para el viaje de regreso, a un costado los negros automóviles lucían cada uno en la parte superior el cartel que indicaba su destino... Maipú, mientras que al otro lado solo había una hilera de personas impacientes por la escasez de ruedas para el otro destino, destino que por alguna extraña razón di por hecho era el que necesitaba para no demorar demasiado al encuentro con este espacio... preguntar no se me paso por la cabeza... la verdad es que estaba viviendo la desilusión que provoco el sonido del audífono de luca y media... luego me vi sentado en el colectivo... pagué y después de beber un generoso trago de agua de una botella comunitaria y deseosa de un basurero, el chofer puso en movimiento la maquina.... no transcurrieron mas de tres segundos cuando comenzaron las dudas de quien escribe al ver que el amigo conductor doblaba con dirección norte cuando debería haber tomado inmediatamente por la alameda al oriente, me imagine la existencia de alguna ruta alternativa... santa Isabel... Av. Matta o algo por el estilo cuando ya íbamos por calle ejercito frente a la facultad de ingeniería de la Portales, aquí mas fuerza tomo la idea de subir por Av. Matta.... vueltas... vueltas a la izquierda, a la derecha, al poniente y al oriente de manera aleatoria... y así como me subí me baje en una esquina de calle club Hípico con alguna calle iluminada por un boliche añejo, a mi izquierda el camino se perdía en una oscuridad que parecía presagiar muerte, lejos a mi derecha divisé la luz roja de lo que parecía ser un semáforo; entonces fue cuando guiado por cierto instinto comencé el caminar por lo que terminarían siendo seis u once cuadras asta que me encontré frente a la otrora lejana luz roja, opté en este punto por cambiar el rumbo decidiéndome por un viraje de cuarenta y cinco grados hacia la izquierda, de a poco los árboles de la vereda de enfrente se fueron confabulando con los del medio hasta que junto a los de la vereda por la que iba oscurecieron el entorno a un punto en que solo sombras difusas lograba distinguir; otras seis u once cuadras antiguas, de las que se encuentran solo en barrios con historia iba dejando atrás mientras daba pasos largos y seguros, aunque aún desconocía si el optar por la luz roja y cambiar de rumbo habían sido decisiones acertadas... baje mi vista por un instante dentro de otro y en el piso vi dos manchas frescas, una mas grande que la otra, eran como dos gotas en el piso.... gotas espesas y oscuras... levante la vista y pensé que bien podría haber sido mi sangre la que estuviese dibujando gotas en aquel lúgubre suelo, me sentí aliviado de no haber tomado el colectivo que salio primero... de apoco comencé a ver como el final de aquella calle se acercaba, la penúltima cuadra o una mas, unos setecientos metros de un muro verde que observaba al muro de enfrente, cemento pintado de amarillo decorado por alambre de púa para que los huéspedes no abandonen el hotel donde la cuenta se salda con sueños... y de la oscuridad que aún existía por recorrer fue tomando forma la silueta de un hombre protegido por un chaleco a prueba de balas a quien intercepté para que me orientara... y lo hizo, sus palabras solo indicaban una cosa, que cuando llegase al final de la calle debía cambiar nuevamente el rumbo hacia la izquierda y caminar, seguir dando pasos por un tiempo igual o mas largo que el que ya había transcurrido... mi agradecimiento precedió a las buenas noches con que me despedí de aquel hombre y su chaleco que siguió su camino como yo el mío... la calle al final del túnel resulto ser la carretera panamericana, no habían árboles y todo tenía un tono amarillento; aún no disponía de algún punto de referencia que me permitiera calcular la distancia que existía entre la alameda y yo, intente detener a un auto de techo amarillo pero al parecer no estaba trabajando o pensó quien sabe que idiotez por que no se detuvo... entonces la única alternativa era seguir caminando en busca del final que permitiría no fuese eterno el presente escrito...desde que abandone el colectivo solo vi a dos niños jugando a la pelota, a tres tipos que bebían cerveza mientras sujetaban la puerta de una casa y al hombre del chaleco a prueba de balas... fue esta escasez de gente la que me permitió sorprenderme con el ir y venir de tipas y tipos en una próxima esquina y terminar con el estado de alerta en el que me mantuve mientras descubría calles desconocidas...
alcanzar esta próxima esquina, la última...
había llegado al metro Rondizzoni...
la música regreso a mis oídos,
un trasbordo
y uno mas
solo restaban cuarenta y cinco minutos de viaje.

0 Comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]
<< Página Principal