.mayo treinta y uno.

Ha sido imperceptible la agonía del día, la noche es dueña del entorno y yo disfruto de su silencio sentado frente a este espejo observando como se suceden los momentos que van quebrando el vacío que impide el desahogo de la emoción nostálgica que me acompaña en este tiempo; a ratos también me domina cierta impaciencia interna por el momento en que serán movimientos que acerquen al re encuentro cuerpos separados por ineptitud que ciega cualquier intento de comunicar lo que hace fuerte el amor.
Calma es lo que impide alcanzar el desahogo, calma que me perturba al no permitir, como en otros ayer, ver curvas diferentes en las palabras que acumulo… o quizás me equivoco al pensar que el ciclo nuevamente comienza…
Un pez me acompañó una y otra vez en uno de los sueños que recuerdo de anoche… ¿será la respuesta que pedí?

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